Alexander Degenhardt, en una entrevista para la cadena FOX Una vez terminada la semana en Las Vegas, Degenhardt descubrió que tenía un par de horas libres antes de coger el vuelo de vuelta a Washington. "Así que decidí perder unos cien dólares en pocos minutos", bromea. Se fue al Casino Bellagio a jugar a las máquinas tragaperras, haciendo pequeñas apuestas de 40 céntimos a dos dólares (son las apuestas que acepta la máquina, lo cual ya nos dice de qué tipo de juego estamos hablando).
Diez minutos después, era millonario.
Había ganado el premio gordo, el que la máquina llevaba ya tiempo acumulando. 2,9 millones de dólares nada menos. El segundo premio más alto que jamás haya dado la empresa responsable de las máquinas. "Fue todo un shock", confiesa. "No te lo crees".
De momento, Degenhardt no quiere que el dinero le cambie la vida. Lo primero que hizo con el premio fue comprarse ropa (en un outlet como siempre), pero no quiere abandonar el coche en el que ya ha viajado casi 400.000 kilómetros. En principio, su intención es ayudar a su madre y a su hermana embarazada a afrontar un par de pagos. "No veo el sentido de malgastar el dinero de golpe", ha explicado. "Soy bastante ahorrador". Tampoco piensa dejar el cuerpo. "Algunos de mis mejores amigos están ahí y yo he firmado un contrato. No voy a dejar de honrarlo solo porque tenga dinero".
Tampoco piensa dejar de hacer el trasplante de médula. "Si acaso, veo este premio como buen karma por mi acción", ha confesado.
Fuente: Huffington Post