Lunes 16 de abril 2012 by Frank Jiménez.
Etiqueta.Ciencia.
Es uno de los gestos más
repetidos. Todos los días nos rascamos. De repente nos asalta un cosquilleo
incómodo que nos genera ansiedad. Nos llevamos la mano hacia la zona de nuestra
piel que nos pica y nos frotamos.
Entonces, el cosquilleo cesa. “El picor se produce por la
liberación de sustancias (entre ellos, la histamina) por algunas células del
sistema inmune. Éste interpreta ciertos estímulos como una agresión y activa
este sistema de alarma”, explica a Televisión española Carlos Goicoechea,
profesor de farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos.
Los desencadenantes del
picor son de lo más variado. “El roce de un tejido, determinados tipos de
fármacos o alguna sustancia que nos produce alergia”, comenta.
Hasta hace bien poco se pensaba que el picor era una ‘casi’
sensación de dolor. Que las mismas neuronas que gestionan el dolor se
encargaban también de hacer sentir picor. Que el picor era un dolor que no
llegaba a serlo, un dolor frustrado. Ahora se sabe que hay unas neuronas
específicas para detectar el picor.
Neuronas específicas del picor
Fue en 2007 cuando un equipo de científicos de la Universidad de
Washington, liderados por el anestesiólogo, psiquiatra y biólogo del desarrollo
Zhou-Feng Chen, descubrió que existen neuronas específicas para el picor,
células nerviosas dedicadas en exclusiva a gestionar esta sensación
El estudio lo publicó la revista Science. Desactivaron en algunos
ratones un gen que codifica el receptor GRPR, directamente implicado en la recepción
del picor.
Comprobaron que sin él, los roedores se rascaban un 80% menos que
sus congéneres con el gen activado. Y, en cuanto al dolor, lo sentían por igual
ambos grupos de ratones. En definitiva, este gen contenía la información para
la síntesis de los receptores del picor.
Los estímulos que producen el picor los recogen fibras nerviosas
(neuronas del picor) situadas en la piel, envían la señal, a través de los
nervios por la médula espinal hasta el cerebro. Allí, las neuronas específicas
nos hacen conscientes de que nos pica.
También hay neuronas que detectan simultáneamente dolor y picor.
“Por eso, a veces el cerebro no discrimina entre dolor y picor”, señala.
¿Por qué rascar alivia el picor?
Para calmar el picor nos rascamos. “Al rascarnos
estimulamos las fibras mecánicas. Este estímulo comparte ruta con el picor y
cierra la puerta de entrada del picor a la médula espinal. Así, la señal no
llega al cerebro”, apunta Goicoechea.
Rascarse reduce las emociones desagradables
En 2008 científicos de la Universidad Wake
Forest en Winston-Salem (Estados Unidos), dirigidos por el dermatólogo Gil
Yosipovitch, analizaron mediante imágenes de resonancia magnética lo que ocurre
en el cerebro cuando nos rascamos.
Los investigadores rascaban en la pierna a los
participantes con un pequeño cepillo durante unos 30 segundos y se detenían
durante otros 30, así durante cinco minutos.
"Para nuestra sorpresa, descubrimos que algunas
áreas del cerebro asociadas con emociones y recuerdos desagradables se volvían
menos activas mientras rascábamos a los participantes. Sabemos que esta acción
es agradable, pero no sabemos por qué. Es posible que rascarse pueda suprimir
componentes emocionales del picor y proporcionar así alivio", señala
Yosipovitch.
Los investigadores reconocen una importante limitación
de su estudio: que los rascados con el cepillo se produjeron en ausencia del
picor.