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INGLATERRA. Dean Andrews tiene 20 años, pero el aspecto de este joven británico es
el de una persona de 160 años.
Dean sugre de progeria, una enfermedad que causa el envejecimiento prematuro extremo. Sólo 74 personas en el mundo padecen de esta enfermedad.
"Nunca dejé que mi enfermedad me venciera. Traté de hacer siempre lo que todo el mundo hace, y aún cuando he fallado, por lo menos lo intenté. Mi familia me hace seguir adelante y tengo amigos que son un gran apoyo. Soy muy afortunado, porque los que me rodean hacen todo lo posible para hacerme feliz", dijo el ’Daily Mail’.
A los siete años, se le diagnosticó la enfermedad y los médicos le dijeron a la madre, Dawn Thomas, que él podría sobrevivir sólo hasta un máximo de 13 años. Las edades del cuerpo de Dean se calculan como ocho veces más de lo normal.
Pero la enfermedad no afecta sólo el aspecto físico, sino que también provoca artritis, problemas de visión, problemas del corazón y la calvicie. A los diez años, los niños que padecen progeria parecen octogenarios.
Hasta noviembre del año pasado Andrews llevaba una vida casi normal, pero debió ser internado por problemas cardíacos y desde entonces casi no sale de la casa. (Especial
).
Dean sugre de progeria, una enfermedad que causa el envejecimiento prematuro extremo. Sólo 74 personas en el mundo padecen de esta enfermedad.
"Nunca dejé que mi enfermedad me venciera. Traté de hacer siempre lo que todo el mundo hace, y aún cuando he fallado, por lo menos lo intenté. Mi familia me hace seguir adelante y tengo amigos que son un gran apoyo. Soy muy afortunado, porque los que me rodean hacen todo lo posible para hacerme feliz", dijo el ’Daily Mail’.
A los siete años, se le diagnosticó la enfermedad y los médicos le dijeron a la madre, Dawn Thomas, que él podría sobrevivir sólo hasta un máximo de 13 años. Las edades del cuerpo de Dean se calculan como ocho veces más de lo normal.
Pero la enfermedad no afecta sólo el aspecto físico, sino que también provoca artritis, problemas de visión, problemas del corazón y la calvicie. A los diez años, los niños que padecen progeria parecen octogenarios.
Hasta noviembre del año pasado Andrews llevaba una vida casi normal, pero debió ser internado por problemas cardíacos y desde entonces casi no sale de la casa. (Especial