Etiqueta.Noticia.
¿Cuántas encuestas se requieren para
que un candidato pueda proyectar una consistente imagen de vencedor? ¿Cuál de
ellas le dice su real posicionamiento en el aprecio público? ¿Por qué si tantas
encuestadoras coinciden en inclinar la balanza a favor de uno, no cesa la
campaña de propaganda distorsionadora, poniendo de relieve y fuera de contexto
expresiones del otro, muchas de ellas ciertamente desacertadas en las
circunstancias de una campaña ríspida, en la que el valor del dinero supera el
de las propuestas?
En mis años de ejercicio periodístico he presenciado mucha
agresividad en campañas políticas, pero nunca como ahora la violencia verbal se
había adueñado del ámbito electoral ni la mentira y la manipulación habían
calado tan profundamente en el ánimo nacional.
Nunca se había recurrido a tantas fabulaciones, ni se había
acusado al entorno de un candidato de urdir planes para desprestigiar a
gobiernos extranjeros, como si no fueran los propios gobiernos los que se
desprestigian a sí mismo, apelando a grabaciones ilegales; ni se habían usado
éstas para fabricar tramas contra la vida de un dirigente opositor, aliado
virtual del gobierno y contrario al candidato de su propio partido.
Y jamás tantos recursos públicos se pusieron al servicio de
una candidatura, con el pleno respaldo de su beneficiario, víctima también en
el pasado de esa práctica ilegal.
En pocos días volveremos a las urnas a elegir al binomio que
dirigirá a la nación por los próximos cuatro años. En una democracia de
valores, con fuertes instituciones y cultura de respeto a la Constitución y las
leyes, los ciudadanos ejercen ese derecho sin más presión que aquella que le
dicta su propia visión de la realidad.
La distorsión de esa realidad, mediante encuestas y
adquisiciones mediáticas, tiene el propósito de cambiar el ambiente que uno
observa en las calles.
mguerrero@mgpr.com.do
@GuerreroMiguele
@GuerreroMiguele