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En un acto ciertamente denigrante, un oligarca ruso lanzó aviones de
papel hechos con billetes de cinco mil rublos (equivalentes a $160 dólares)
desde su lujosa oficina frente a una plaza en San Petersburgo. Se trata de
Pavel Durov, fundador de VKontakte, una red social conocida como “el Facebook
ruso”.
Y quien al
ver como la gente se arrebataba ansiosa los billetes, reía entretenidamente en
compañía del vicepresidente de su empresa.
“Las personas se convirtieron
en perros mientras literalmente se abalanzaban sobre los billetes. Se rompían
mutuamente la nariz, escalaban los semáforos con su presa, como si fuesen
monos. Que vergüenza de Durov” afirmó un testigo en declaraciones a Russia
Today.
Sobra decir que las críticas no
se hicieron esperar atribuyendo a este acto una “notable crueldad”. Durov
respondió que su intención era generar una “atmósfera festiva” y que cesó de
hacerlo en el momento que vio a “la gente transformarse en animales”. Sin
embargo, también advirtió que “habrán más de estas acciones”.
Pero mas allá de condenar el
patético gesto de este empresario, lo cual se presenta como una reacción
automática, resulta interesante analizar lo que este acto representa a nivel
simbólico: un clímax del cinismo por parte de una clase que se beneficia de la
jodidez de la gran mayoría de la población.
A sus 27 años y con una fortuna
valuada en $260 millones de dólares, el torpe Durov inconscientemente acelera
la posible extinción de esta tribu, la elite financiera, suceso masivamente
deseado a partir de la indignación consciente de millones de personas
(llámense ‘ocupistas’ estadounidenses, parados españoles, o universitarios
mexicanos).
Y con el riesgo de pecar de
optimista creo que podríamos estar ante el próximo declive de un sistema
socioeconómico que ha fomentado los peores aspectos de la naturaleza humana
(ambición, avaricia, competencia, injusticia, etc). Y al enterarme de este
gesto bufonesco por parte de un nuevo rico ruso que, quizá sin saberlo, encarna
a la perfección la faceta más condenable de este fenómeno social llamado el 1%,
el cinismo, no pude evitar considerarlo como una espontánea señal: la suerte
está echada, la ruta de extinción de oligarcas y corporaciones, de voraces
banqueros y economistas, es más clara que nunca y podría, con un poco de
suerte, consumarse a la brevedad.
Mientras Durov y sus amigos se
divierten manufacturando avioncitos de billetes, millones de personas están
enfocando su energía y su intención en forjar un rediseño del actual escenario,
un a misión cuyo cumplimiento podríamos estar celebrando más pronto de lo que
imaginamos. Y sin ánimo revanchista, el cual a mi juicio condenaría la “nueva
era” que intentamos construir, ojalá en unos meses pudiésemos agradecerle a
este empresario el que sus aviones de papel hayan contribuido a este despertar.
Y para concluir solo quiero recalcar que si bien un amanecer dorado parece
perfilarse en el horizonte, también sería bueno aclarar que es lo que tenemos
pensado hacer para resonar con este ‘nuevo’ sol.