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El concepto
de que el consumo de leche se asocia a una mayor incidencia de ciertas
enfermedades, e incluso, como se ha publicado recientemente en algún medio de
comunicación, con el cáncer, es un extraño mito que se ha creado en años
recientes, y que carece de bases científicas sólidas.
Este
concepto sin embargo, se basa en ciertas premisas que aunque son verdaderas
aportan una visión sesgada de esta cuestión:
1- La leche es un buen alimento
para el ser humano y mamíferos en sus primeras etapas de vida.
2- El ser
humano es el único mamífero que sigue ingiriendo leche en la etapa adulta
sobre todo en el mundo occidental.
2- Los
nutrientes que aporta la leche se pueden ingerir a través del consumo de otros
alimentos distintos de la leche.
Cuando se revisa la literatura
científica, no aparece ninguna publicación que soporte abierta e
inequívocamente la idea de que el consumo de leche se asocia mayor riesgo
de cáncer. Existen varios metanálisis de estudios científicos que demuestran
que no existe asociación entre el consumo de leche y la aparición de algún tipo
de cáncer. Esta falta de correlación se ha demostrado para el cáncer de
próstata, de endometrio, de ovario, de mama, etc. Es más, algunos de estos
estudios y metanálisis señalan justamente lo contrario, es decir, que el
consumo de leche y derivados lácteos se asocia con una reducción del cáncer de
pulmón o de vejiga urinaria.
Por tanto, independientemente
que existan opiniones mas o menos a favor del consumo de leche y
derivados lácteos en la etapa adulta dentro de una dieta equilibrada, no
existen evidencias objetivas que permitan decir que el consumo de leche produce
cáncer.
En los países orientales como
China donde el consumo de leche de vaca es muy escaso, hay una baja incidencia
de ciertos tipos de cáncer.