
Los hombres que se sienten “amarrados” por mujeres, según la creencia, deben realizar un sacrificio de sangre para anular los efectos del embrujo.
Cuando un hombre muestra un amor inusual y repentino hacia su mujer y se dedica, contrario a su costumbre, exclusivamente a su hogar, sus amigos y familiares piensan, en ciertos sectores que está “amarrado”.
Y se le aconseja “que busque algo”, porque “en la vida existe de todo”, el bien y el mal”. A veces, muy a su pesar, el hombre visita el brujo.
Después de dar el saludo de estilo al “papabocó” puesto que éste se saluda de una manera que sigue determinado patrón- entran en negociaciones, si es que el resultado de la consulta es “amarramiento”.
El precio del trabajo del brujo debe estar fijado de manera que pesos y centavos alcance la misma cifra; tres pesos con tres centavos, dieciséis pesos con dieciséis centavos, etc. Y además, si el servicio es efectivo, el solicitante está comprometido a hacerle un regalo.
A diferencia de las mujeres, que después de consultar ellas mismas ponen los “servicios”, los hombres deben hacerlo y por lo tanto, la práctica, en su nombre, la hace el “papá-bocó”.
Uno de los “servicios” más comunes que encargan los hombres dominicanos para desamarrarse, se le ofrece al Barón del Cementerio.
Tomado del Libro: Sana, Sana, Culito de Rana
de Jose Labourt
FUENTE LAS CALIENTES DEL SUR.